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¡CARTA A UN HIJO!

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                                                    ¡CARTA A UN HIJO!


Querido hijo, hoy escribo esta carta que quizás nunca leas, ni desees ver allí en el fondo de mi alma. Alma de mujer que esconde, que tú y tu hermano son lo más importante y representan mi vida de mujer y madre, golpeada y lacerada por aquellos golpes que la vida y tu padre marcaron en mi alma.

Recuerdo aquel día lejano en el tiempo, cuando allí en aquel viejo consultorio de mi pueblo el medico de gafas grandes y lentes fuertes me miraba como queriendo descubrir mi sentir, al decirme quedo y pausado que estaba embarazada de ti.

Quería saltar gritar al viento lo feliz que me sentía y no fue asi. En mi cerebro retumbaban aquellas palabras de esa tía que siempre se preocupaba por mí,  para pronunciar hija cuídate.

Conocí a tu padre siendo una chiquilla, y aun con el paso del tiempo no puedo olvidar que ustedes nunca fueron lamento en mi vida de niña y mujer maltratada. Siempre los ame y los amo, aun en la distancia donde ustedes ni siquiera se acuerdan de quien les dio vida y les llevo en su vientre de mujer y madre.

Era una tarde de septiembre calurosa, donde el viento soplaba fuerte y en su rugir se escuchó ese llanto, eras tú que al nacer saludabas la vida y llenabas mi alma de alegría, cuando tus manitas se agitaron al viento alegres y bonachonas, tus ojos negros de profundo mirar me alegraron el alma y de mis ojos brotaron lágrimas de amor por ti, eras mi mayor tesoro e ilusión de mujer.

Estuve allí cuando llorabas y no podías dormir siendo un bebe, te alzaba en mis brazos te mecía y te cantaba canciones de cuna. Que no sé de donde me brotaban y todas era para que tú, no sintieras dolor ni angustia, y te sintieras él bebe más amado del mundo.

Las lágrimas surcan mi rostro, el llanto casi no me permite escribir esta carta, mi mano seca suavemente mis lágrimas, y en mi memoria evoco esos recuerdos que me lastiman el alma. Al evocar cuando diste tus primeros pasos y tu sonreías feliz al llegar a mis brazos, te golpeabas siempre estaba presta a acudir en tu auxilio, mis dedos acariciaban tu cabellera negra color azabache mecida por el viento, saltabas y corrías cual saeta velos en el tiempo a mis brazos.

Tú no te acuerdas de esto, eras un chiquillo con sueños e ilusiones, el cual siempre que dormitaba, mis pasos se hacían silenciosos en aquel cuarto de paredes blancas y donde cada mañana el sol y el canto de los pericos y pajarillos de mil colores nos alegraban la mañana. Mientras tú te desperezabas.

Cuando fuiste al colegio me sentí la mujer más triste, ya no tendría tu compañía ni quien me alegrara en mis angustias, ahora serian tus compañeritos los héroes de tus aventuras de chiquillo inquieto y soñador.

En el colegio siempre fuiste inquieto, pero un niño abierto al aprender cotidiano. Que esa vieja maestra de piel marcada por el paso de los años, pero con la sapiencia y sabiduría, cada día sembraba en tu alma las cosas que forjarían tu corazon de adulto para que siempre fueses un hombre de bien en el actuar de tu vida.

Creciste y te convertiste en el joven más rompe corazones que yo hubiese conocido, las chicas te perseguían por montones, todas querían estar cerca de ti y escuchar tus sueños de joven alegre y bonachón, ya no eras aquel chiquillo que acudía presto a mis brazos por una caricia de amor, de esa madre que estaba dispuesta a dar la vida si fuese necesario por ti.

Me alejaste poco a poco de tu vida, te apenabas si te daba un beso o mis dedos rozaban tu piel, te convertiste en el vivo retrato de tu padre, hombre rencoroso, machista donde, él hacer y actuar siempre eran su reino de dolor, y en silencio esta mujer y madre lloraba tu ausencia y desprendimiento, sin importarle a tu padre esa angustia que carcomía mi alma de mujer.

Han pasado 25 años desde aquel día en que te mecí en mis brazos por primera vez, ya no escucho tu riza ni el aire me hace sentir el olor a perfume que solías usar, ahora mis pasos lentos y cansinos deambulan en el diario que hacer de mis sueños donde tú ya no habitas junto a mí.

no conozco tus sueños ni tus tristezas, ni se dé alegrías contigo, tan solo deseo que al leer esta carta sientas mi sentir y la angustia de soledad infinita, que agobia mi alma y me acompañara un día a mi tumba al no sentir tu calor de hijo.

Querido Hijo solo deseo que cuando mis pasos, no recorran tus pasos y ya no respire ese aire que tus respiras y mis huesos descansen en la tumba, recuerdes que fuiste hueso de mis huesos y carne de mi carne que soy esa mujer que te dio vida y razón de mi razón.

Posdata: Hijo cuando ya no este junto a ti no me llores ni te lamentes, solo recuérdame, como cuando eras niño y en tus sueños corrías veloz cual saeta a
mis brazos

Tu Madre Que Te Ama.

Dedicado a aquellas mujeres que hoy en silencio sufren su dolor y angustia por los que aman y llevaron en sus entrañas y las olvidaron en el transcurrir del tiempo.

Catur Arom
Escritor 1955
2016

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Comentarios ¡CARTA A UN HIJO!

Amigas y Amigos Lectores
Cuantas veces como Hijos y Esposos hemos permitido la angustia lacerante en el alma de una mujer y Madre porque muchos hijos olvidan quien les regalo el ser.
Espero de corazón que este hermoso relato les permita un poco de reflexión aquellos que olvidaron de donde vinieron y quien les dio la vida.
Su Amigo
Catur Arom
Escritor 1955
Muy emotivo, muy bello felicitaciones poeta.
Martha Lombana Martha Lombana 20/09/2016 a las 03:20

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